A veces me despierto mal. No es cuestión de suerte, es así y punto.
No sé cómo decirte que sólo quiero que me abraces y te quedes, espantando todos mis miedos, aunque sólo sea por esta vez. A veces no me gusta llorar sola.
No hay más análisis de la situación. Sólo que no siempre puedo acordarme del presente, y mis ojeras pesan casi tanto cómo mi pasado.
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